Duele, porque se trata sin duda de una persona fuera de serie. A muchos que tuvimos la oportunidad de trabajar con él nos sorprendió su gran capacidad de improvisación, su basta vocación para el periodismo en sus diversas formas: como reportero, en la fotografía -pasión heredada de su padre, Francisco Verdayes Sapién (1928-1989)-, como jefe de información y como director editorial.

Le fascinaba la radio y presumía que contaba con su licencia de locutor, para cuyo otorgamiento la Secretaría de Gobernación aplicaba -hace unas décadas -muy severos exámenes técnicos y de cultura general. La conducción en televisión también fue de su predilección.

La historia era otra de sus pasiones. Fundó y participó en numerosas publicaciones, actividades y organizaciones relacionadas con la crónica histórica. La docencia también lo tenía cautivado. Dio clases en varias escuelas de comunicación. Pero más allá del excelente periodista, del “Profe” y del jefe en las redacciones, recordamos al ser humano sencillo y siempre de gran humor.

Era dicharachero nuestro buen Paco Verdayes; un gran conversador y magnífico platicador de anécdotas. Siempre sonriendo, y con planes y proyectos en ciernes, a pesar de los tantos trabajos y compromisos que tenía simultáneamente.

El también colega y amigo Hector Zacarías de Cozumel ya nos regaló una fabulosa crónica de los primeros años de Paco Verdayes en el periodismo, tras culminar su carrera en la Escuela Carlos Septien de la Ciudad de México.

El buen Héctor también nos recordó la aún no muy lejana partida de otro querido amigo común y gran brother de Paco Verdayes: el abogado y periodista Javier Aguilar Duarte, quien hace unos meses por igual perdió la batalla ante la terrible Covid-19.

Ambos estaban en la plenitud de sus vidas, de sus trabajos. Disfrutaban y amaban a sus familias. Por eso la muerte se nos revela muchas veces más que injusta, inclemente e inoportuna.

Paco era un periodista hiperactivo. Creo que su disciplina le permitía trabajar mucho y bien. Era además generoso: te integraba a sus proyectos y equipos de trabajo. Por eso, pese a ser de nuestra generación (cincuentones), e incluso otras y otros de mayor edad que él, fue ejemplar jefe de muchas y muchos comunicadores de Quintana Roo.

Por eso duele en serio despedir al gran ser humano, al gran amigo y al valioso ex jefe.

¡Descansa en paz mi estimado Paco, y buen viaje!

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